Desde el mirador de Nemaclys observo una bandera que flamea con el viento marino y soy testigo de un imponente océano inmensurable, aroma a sal, pequeños roces del viento en la frente mientras un parapente sobrevuela este inmenso océano que se impone con límites poco claros y difusos, todo ello es un bello lienzo pintado por Dios. (Febrero 2015)